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Un cambio en la marea

16 enero 2013

Me gusta entender el desarrollo de la gramática generativa como una secuencia de pequeños paradigmas cuasi-metodológicos de investigación intrínsecamente relacionados a lo largo de los años. No se trata de una división perfecta, por supuesto, pero más o menos pueden reconocerse los siguientes períodos.

(1957 a 1969) — Reglas para las gramáticas de las lenguas
(1969 a 1979) — Restringir y filtrar el poder generativo de las reglas
(1979 a 1991) — Reducir reglas y filtros a principios lingüísticos universales.
(1991 a hoy) — Una vez definidos algunos principios, procuremos entenderlos.

Si le damos una mirada al escenario más amplio de los estudios gramaticales (aunque no creo que sea mucho más amplio que esto), podemos reconocer un estadio previo lógicamente necesario.

(1916 a 1957) — Intentemos ofrecer descripciones sistemáticas de la lengua (esto puede sonar redundante).

Varias veces me han criticado por opinar que, en la actualidad, el acercamiento generativo al estudio de las gramáticas humanas es el único que tiene algo interesante que decir sobre ellas (uso el término generativo en un sentido amplio). Lo sostengo. Por mucha tinta y saliva que se pueda utilizar en argumentar lo contrario, la gramática generativa es el único marco teórico que se esfuerza por explicar las propiedades intrínsecas del sistema gramatical.

El marco ha resultado fructífero. Se han podido reconocer varias propiedades del lenguaje humano. Algunas son:

Las operaciones gramaticales son dependientes de la estructura. A cualquiera que tenga formación en lingüística esto le va a sonar obvio, pero no lo es. No cualquier cosa puede concordar con cualquier cosa, y no cualquier elemento puede moverse a cualquier parte: todo depende de la estructura en la que se encuentre. Esto es un hecho.

Las dependencias lingüísticas son locales. Minimidad relativizada, básicamente: para que haya una relación gramatical entre A y B no puede haber un elemento C entre ellos que pueda cumplir el mismo rol que A o B. Esto es cierto desde el funcionamiento de las operaciones de concordancia (gramática), hasta ciertas dependencias entre fonos (Forma Fonética) y hasta en los principios de ligamiento (Forma Lógica).

El ordenamiento de la información en la estructura oracional sigue un patrón universal. Básicamente, Cinque. La idea es que parece haber un ordenamiento universal del tipo de información contenida en una estructura gramatical. No copio la estructura porque es un poquito larga…

Hay varias observaciones más de este tipo, y otros cientos de teorías que permiten explicar patrones lingüísticos en lenguas totalmente inconexas. En fin, el tema es que hay ciertas cuestiones que han salido a la luz en los estudios gramaticales en los últimos años y que son generalizaciones sumamente importantes sobre como funciona el lenguaje humano. O sea, son descubrimientos importantes en el marco general de la ciencia moderna. Hay, sin embargo, un problema: ¿alguien se entera de estos descubrimientos? ¿qué hacemos los lingüistas para estos descubrimientos lleguen al gran público?

Hace un par de semanas, David Pesetsky presentó una plenaria en el congreso anual de la LSA en la que señalaba precisamente este problema y las implicaciones que conlleva. Resumo brevemente estos puntos a partir del ppt que usó (puede descargarse desde aquí). En un mundo ideal para los lingüistas, dice Pesetsky, esto debería haber pasado:

The Cinque hierarchy would have appeared first in Nature.

Rice’s discovery of unity-in-diversity in Athapaskan affix-ordering would have merited a front-page article in the NY Times Science section.

Merchant’s discovery of a link between preposition-stranding sluicing and its overt counterpart would have appeared in the Proceedings of the Royal Society, heralded in the press as “perhaps the final blow to an age-old debate about ellipsis”.

Legate’s discovery that the left periphery of Warlpiri looks like Rizzi’s left periphery for Italian (and Cable’s for Tlingit) would have been the topic of an hour on NPR Science Friday.

Bobaljik’s recent discoveries about comparatives and superlatives would have appeared first in Science, reported as an AP news item, and ended up as the theme for a joke by a late-night talk-show host.

Por supuesto, no vivimos en un mundo ideal para los lingüistas. De hecho, parece que vivimos en un mundo de pesadillas para los lingüistas, un mundo en el que los papers que llegan a las más importantes publicaciones son aquellas que intentan negar los descubrimientos realizados por los gramáticos. Por ejemplo, Frank, Bod y Christiansen (2012) señalan que

It is generally assumed that hierarchical phrase structure plays a central role in human language. However, considerations of simplicity and evolutionary continuity suggest that hierarchical structure should not be invoked too hastily. Indeed, recent neurophysiological, behavioural and computational studies show that sequential sentence structure has considerable explanatory power and that hierarchical processing is often not involved. In this paper, we review evidence from the recent literature supporting the hypothesis that sequential structure may be fundamental to the comprehension, production and acquisition of human language. Moreover, we provide a preliminary sketch outlining a non-hierarchical model of language use and discuss its implications and testable predictions. If linguistic phenomena can be explained by sequential rather than hierarchical structure, this will have considerable impact in a wide range of fields, such as linguistics, ethology, cognitive neuroscience, psychology and computer science.

Un fragmento del artículo que parece haber molestado especialmente a Pesetsky (y que en realidad molestaría a cualquier lingüista con dos dedos de frente):

the practice of analysing sentences in terms of deep hierarchical structures is still part and parcel of linguistic theory. In this paper, we question this practice, not so much for language analysis but for the description of language use. We argue that hierarchical structure is rarely (if ever) needed to explain how language is used in practice.

O sea: no importa que el resultado necesario de décadas de estudio lingüístico sea que las oraciones del lenguaje natural tienen estructura interna, sino que en el uso del lenguaje esta propiedad se ve poco. Esta proclama equivale teóricamente a decir algo así como “no es que el agua no se componga de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, sino que eso no se evidencia cuando alguien tiene sed”. No voy a entrar en detalles sobre cuales son las motivaciones (bastante básicas) de por qué es necesario asumir un ordenamiento jerárquico para los sintagmas ya que lo básico está en cualquier buen manual de gramática de los últimos 50 años.

Otro artículo crítico hacia los estudios gramaticales que apareció en una publicación importante es el de Evans y Levinson (2009) sobre los universales lingüísticos. Hace poco tuve oportunidad de leerlo nuevamente y concuerdo con las observaciones de numerosos especialistas: el artículo hace agua por todas partes. Particularmente, a mí me llamó la atención el análisis que hacen sobre una estructura en particular: ellos están discutiendo que los modelos teóricos como la gramática generativa hacen demasiado hincapié en la estructura de constituyentes de los sintagmas, cuando hay lenguas que, se supone, no obedecen estructura de constituyentes sino que hacen uso de dependencias discontinuas.

Example (15) illustrates a discontinuous sequence of words in Thalanyji, which would correspond to a constituent in most European languages; “the woman’s dog” is grouped as a single semantic unit by sharing the accusative case.

Kupuju-lu    kaparla-nha      yanga-lkin               wartirra-ku-nha
niños-ERG   perro-ACUS      perseguir-PRES    mujer-ACUS-DAT
‘El niño persigue el perro de la mujer’.

Note how possessive modifiers – coded by a special use of the dative case – additionally pick up the case of the noun they modify, as with the accusative –nha on “dog” and “woman-Dat” in (15). In this way multiple case marking (Dench & Evans 1988) allows the grouping of elements from distinct levels of structure, such as embedded possessive phrases, even when they are not contiguous. It is this case-tagging, rather than grouping of words into constituents, which forms the basic organizational principle in many Australian languages (see Nordlinger 1998 for a formalization).

It is even possible in Jiwarli to intermingle words that in English would belong to two distinct clauses, since the case suffixes function to match up the appropriate elements. These are tagged, as it were, with instructions like “I am object of the subordinate clause verb,” or “I am a possessive modifier of an object of a main clause verb.” By fishing out these distinct cases, a hearer can discern the structure of a two-clause sentence like “the child (ERG) is chasing the dog (ACC) of the woman (DAT-ACC) who is sitting down cooking meat (DAT)” without needing to attend to the order in which words occur (Austin & Bresnan 1996). The syntactic structure here is most elegantly represented via a dependency formalism (supplemented with appropriate morphological features) rather than a constituency one. Although languages like Jiwarli have been increasingly well documented over the last forty years, syntactic theories developed in the English-speaking world have primarily focussed on constituency, no doubt because English fits this bill. In the Slavic world, by contrast, where languages like Russian have a structure much more like Jiwarli or Latin, models of syntactic relations have been largely based on dependency relations (Melcuk 1988).

El problema con la estructura que analizan Evans y Levinson es que si bien es rara para el inglés, en español (rioplatense, al menos) tenemos una estructura sumamente similar:

(15′) Los niños le persiguieron el perro a la mujer.

En esta oración, a la mujer es un aplicativo común y silvestre (creo) y la mujer recibe interpretación de poseedor del perro. El problema que señalan Evans y Levinson sólo surge si se considera que la única estructura que permite dar cuenta de un sentido posesivo es mediante una modificación de tipo “genitivo” de un nominal, pero esta claro que ese no es el único modo. Sorprende que un dato con un análisis tan obvio pueda ser considerado “demoledor”.

Ahora bien, volviendo a Pesetsky, lo que él nota es que este tipo de artículos llega a las publicaciones importantes y que, subsecuentemente, llegan a los medios masivos de comunicación gracias al llamado “periodismo científico“.

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La pregunta que se hace Pesetsky (y a la que se debe el título de la plenaria) es “¿Qué debemos hacer?“.  La respuesta es simple: educar.

Most educated people have never encountered linguistics, and have no idea what it might even mean to examine a linguistic puzzle scientifically. An undergraduate linguistics class is our counterpart to a high-school science class: we have to teach basics.

Imagine a world in which an editor for the Proceedings of the Royal Society might know enough to say: “Wait a minute, if phrase structure rules play no role in use, what does that say about condition C effects?” —because like every educated person, he studied that in high school.

Is this a hopeless goal?

Taking account of the world as it is, with all its difficulties, we must start presenting our work outside our field, taking whatever lumps come our way…

Lo que hay que hacer, entonces, es empezar a difundir los resultados (propios y ajenos) de la lingüística moderna. Algo de eso intenta hacer muy modestamente este blog. Otra gente un poco más ilustre también ha tenido la misma idea, sino prueben entrar al blog Faculty of Language, cuyo objetivo es, justamente, empezar a abrir al gran público la disciplina lingüística moderna (vean en particular su primer post).

En fin, cuando dije que “está cambiando la marea” me refería a este cambio: a la idea de que la lingüística debe dejar de construirse puertas adentro y debe exhibir sus resultados. Este también es un pequeño cambio de paradigma. Quién sabe… tal vez en algún momento alguien pueda escribir lo siguiente:

(2013 en adelante) — La lingüística se abre al mundo.

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