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Review: The evolution of Language (Fitch, 2010)

12 noviembre 2010

Como se darán cuenta por la referencia del título, me estoy refiriendo el reciente libro de Tecumseh Fitch: The Evolution of Language. Debo aclarar: todavía no leí el libro (de hecho, ni siquiera lo tengo en papel). Lo que podrán leer a continuación es una versión traducida y resumida de la review que circuló en Linguist List. Por si quieren saberlo, la autora original es Anne Reboul.

PS. Pido una mención especial para la portada del libro. Nunca había visto nada más apropiado: un árbol de escasas ramas al amanecer. Como dijo Lenny Leonard: “debe tratarse de una de esas… ehh… metáforas”.

El libro está pensado como una introducción al estudio de la evolución del lenguaje, concebida esta facultad como  patrimonio exclusivo de la especia humana. Fitch pretende exponer de manera objetiva las variadas teorías propuestas en la disciplina y los datos que sustentan y contradicen dichas dicotómicas perspectivas. El libro consiste de una introducción y de cuatro secciones de igual longitud: ”La disposición del terreno: una revisión de las disciplinas y datos relevantes a la evolución del lenguaje”, “Conociendo a los ancestros”, “La evolución del habla”, y finalmente “Evaluando los modelos filogenéticos de evolución del lenguaje”.
La “Introducción” insiste tanto en la complejidad del lenguaje como en la cantidad de perspectivas que resultan de esto. Va desde una perspectiva chomskyana hacia la psicolingüística de la adquisición del lenguaje a partir de un acercamiento neurocientífico que pretende ser inclusivo al intentar combinar estos diferentes puntos de vista. Así, la primera sección del libro empieza con capítulo que introduce “El lenguaje desde una perspectiva biológica”. Fitch señala la incapacidad de los chimpancés, el pariente filogenético más cercano de los humanos, de adquirir el lenguaje y defiende un acercamiento comparativo al lenguaje basado en una perspectiva multicomponencial: em otras palabras, algunas especies pueden tener alguno de sus componentes o, al menos, un predesor del mismo. Entonces, Fitch introduce dos sentidos del término “Facultad del Lenguaje”, una en sentido amplio que “involucra TODOS los mecanismos asocioaciados a la adquisición del lenguaje y a su uso”, y una en sentido estricto que involucra “aquellos mecanismos que son exclusivamente humanos y lingüísticos”. Según Fitch, la mayoría de los componentes lingüísticos son compartidos con otras especies, lo que abre un fértil camino para el estudio comparativo. A continuación distingue “comunicación” de “lenguaje”, el primero siendo común a todas las especies y el segundo exclusivo de la especie humana. El lenguaje puede ser básicamente descrito como “un instinto de aprender”. Luego se distingue entre Lengua-i (el sistema cognitivo que subyace al lenguaje en el cerebro de cada individuo) y Lengua-e (las lenguas habladas por las diferentes comunidades humanas).
El capítulo 2, “Evolución: concensos y controversias”, empieza con la historia de la selección natural darwiniana basada en tres factores: variación, herencia y diferencias en la supervivencia. Se distinguen tres tipos de selección: sexual (un sexo, usualmente las hembras, seleccionan compañeros sexuales en base a rasgos que luego predominarán en la especie), de parentesco (basado en la noción de  inclusive fitness, donde el grado de compartición de genes en una población puede impulsar la cooperación entre individuos) y grupal (la cual extiende el inclusive fitness a grupos). El método comparativo es una herramienta para la descripción de la historia evolutiva, la cual lleva a la construcción de árboles filogenéticos. Permite la identificación de rasgos homólogos (compartidos a partir de la herencia de un ancestro común, mostrando la historia evolutiva de una especie) y rasgos análogos (compartidos pero independientes en la evolución de distintas especies, mostrando la función del rasgo). Fitch concluye el capítulo con reflexiones acerca de la evolución del comportamiento, haciendo referencia a los cuatro aspectos del estudio etológico de Tinbergen: “mecanismos”, “función”, “ontogenia”y “filogenia”.
El tercer capítulo, “Lenguaje”, empieza postulando una relación entre la existencia de periodos críticos para la adquisición del lenguaje y las bases biológicas del lenguaje. Luego, el tópico cambia hacia la biolingüística, en donde se descrive la perspectiva chomskyana de una lingüística mentalista (cognitiva), formalista y biologicista. Fitch señala que si bien ciertas partes del lenguaje pueden ser vistas como “encapsuladas” en el sentido de Fodor (el habla, por ejemplo), otras partes son ejecutivas y no “encapsuladas” (la semántica y la pragmática, por ejemplo). En otras palabras, hay lugar suficiente para explicaciones de tipo individual y cultural, y la coevolución de sistemas culturales y biológicos puede explicar esta relación.
El cuarto capítulo trata de “Cognición y comunicación animal”, repudiando los acercamientos conductistas y defendiendo los bastiones de la psicología cognitiva tales como memoria episódica, percepción categorial y teoría de la mente, así como capacidades más acotadas como categorización y aprendizaje, planificación, inferencia y razonamiento, “numerosidad”, emparejamiento intermodal y ordenamiento serial. Fitch enfatiza la existencia de “culturas animales”. Los animales evidencian un buen número de capacidades cognitivas relevantes para el lenguaje, una conclusión que se ve reforzada debido a que diferentes especies vertebradas, desde aves y mamiferos marinos hasta perros y monos han sido capaces de aprender “largos vocabularios referenciales”. Fitch luego analiza los sistemas de comunicación animal, destacando el hecho de que la mayoría de las señales animales son de origen innato (en contraste con las palabras) y tienen una base emocional a pesar de que pueden estar bajo control voluntario. Sin embargo, las señales de algunos animales tienen una estructura basada en reglas, y algunos hasta a veces tienen una sintaxis fonológica, a pesar de que dicha sintaxis es escasa (una concatenación de dos señales en algunas especies de mono). Aunque hay señales funcionalmente referenciadas (de manera notable, llamadas de alarma o señalamientos de comida), estas no son intensionales en el sentido griceano, sino que la interpretación de dichas señales, especialmente por no congéneres, puede basarse en inferencias.
La sección 2, “Conociendo a los ancestros”, comienza con un capítulo homónimo que va desde los orígenes de la vida hasta los humanos modernos. La meta del capítulo es introducir la noción de “último ancestro común” o UAC [en inglés LCA. No confundir con Kayne 1994…] (entre humanos y chimpancés, sus parientes más cercanos).
El capítulo 6, ”El UAC: nuestro último ancestro común con los chimpancés”, describe las características que legitimamente se le pueden atribuir al UAC en base a la comparativa entre humanos y chimpancés: comunicación, sociabilidad, uso de herramientas, caza y medicina, violencia y cuidado paternal masculino limitado.
El capítulo 7 está dedicado a “Paleontología y arqueología homínida”, y brinda una clara y detallada revisión del estado de la cuestión, propiniendo tres etapas en la evolución de los humanos a partir del UAC: la emergencia de los simios bípedos (australopitecinos tempranos) desde 4 a 2 millones de años; un incremento en el tamaño corporal y cerebral y el uso de más complejas herramientas con la aparición del género “Homo” (hace 1,9 millones de años); y la última etapa con el denominado “Homo Sapiens Arcaico”, que incluye a los Neandertales, y finalmente la aparición en escena del Homo sapiens anatómicamente moderno (entre hace 100 y 200 mil años) que se expandió por todo el globo abandonando su lugar de nacimiento, África, hace 50 mil años. Esta fecha provee la última fecha posible de evolución del lenguaje moderno, dada su universalidad.
La sección 3, “La evolución del habla”, empieza con el capítulo 8, “La evolución del tracto vocal humano”. Fitch comienza por distinguir entre habla y lenguaje, notando que a pesar que el lenguaje se realiza efectivamente casi siempre a partir del habla, la existencia de las lenguas de signos indica que ambas son distintas.  Describe el aparato fisiológico mediante el cual se producen las vocalizaciones animales (incluido el habla), notando los puntos en común que tienen al respecto los vertebrados. Luego explica el descenso de la laringe, señalando que no se trata de un rasgo exclusivamente humano, y que es más probable que haya sido objeto de selección sexual (para dar la impresión de mayor tamaño en los machos) a que se trate de una adaptación exclusivamente lingüística. Fitch compara el hueso hioides en varios fósiles homínidos. Sin embargo, dada la existencia de una laringe descendida o móvil en muchas especies no humanas, probablemente no se trate de un aspecto relevante en ninguna discusión con respecto a la evolución del lenguaje. Nota que la percepción fonológica categorial parece extendida en los vertebrados y que, nuevamente, no parece ser una adaptación específica del lenguaje.
En el capítulo 9, “La evolucion del control vocal: las bases neurales del lenguaje hablado”, Fitch identifica la habilidad de imitación vocal compleja como crucial para el habla humana y, luego de señalar la existencia limitada de esta capacidad en especies no humanas (donde se encuentra limitada a algunas aves y mamíferos marinos), analiza los mecanismos cerebrales que subyacen al habla humana. Si bien mucho de ellos son comunes entre los mamíferos (las aves tienen cerebros bastante distintos), hay nuevas conexiones cortico-laringeas en los humanos, las cuales parecen señalar una discontinuidad entre el control vocal primate y humano. De manera adicional, el descubrimiento del gen FOXP2 y su importancia en el desarrollo del control motor vocal -este gen, si bien está extendido en los mamíferos, parece haber evolucionado en la línea humana en los últimos 400 mil años y, cuando es deficiente, produce un trastorno específico del lenguaje- parece llevar en la misma dirección.
El capítulo 10, “Modelos de la evolución del habla y la fonología”, discute cuatro modelos para la evolución del habla, desde el modelo de Lieberman (el cual atribuye un papel central a los ganglios basales) el de McNeilage (el cual se centra en la relación entre control motor vocal y control motor para la alimentación), el de Deacon (una poda selecta de conexiones cerebrales que llevaron a las conexiones cortico-laringeas típicas de los humanos) y el de Carstairs-McCarthy (quien ve el control motor vocal como un producto del bipedalismo). Fitch, entonces, aborda el problema de la evolución de la estructura fonológica, discutiendo restricciones perceptivas, imitación vocal, glosogenia (o transmisión cultural), pidgins y lenguas criollas y describiendo las simulaciones computarizadas de los modelos de cambio lingüístico.
La sección 4, dedicada a la “Evaluación de modelos filogenéticos de la evolución del lenguaje”, comienza con una “Revisión Histórica: teorías occidentales del origen del lenguaje previas a Darwin”. Luego de señalar rápidamente la historia bíblica del Génesis, Fitch menciona la teoría onomatopoética de Herder, varias teorías expresivas, teorías del origen del lenguaje como herramienta social y la teoría anti-darwiniana de Müller. Luego, explica la teoría de Darwin de la evolución del lenguaje basada en la idea de un protolenguaje selexionado sexualmente, el cual habría llevado al lenguaje moderno a través del desarrollo de la inteligencia.
El capítulo 12, “Protolenguajes léxicos”, involucra varias maneras de explicar el protolenguaje pre-sintáctico, teniendo como requisitos tanto la imitación vocal como el impulso por la comunicación referencial. Fitch discute el modelo de Bickerton (según el cual el habla infanil, el “lenguaje” de los simios y los pidgins son modelos de protolenguaje), pero rechaza su idea de que la sintaxis apareció a través de una “macro-mutación”.Luego comenta el modelo de Jackendoff, el cual hace hincapié en las herramientas de adquisición léxica (basado en el tamaño limitado del vocabulario de los simios) y en una fonología combinatoria. Ambos modelos asumen la necesidad de transmitir información. Sin embargo, tal necesidad podría claramente involucrar cooperación (y la cooperación es un misterio evolutivo). Fitch describe varias teorías sobre la evolución de la cooperación antes de pasar a la teoría social de Dunbar (el chismerio, el cual consiste en una sanción social contra los intrusos, es una buena manera de promover la cooperación), rechanzando algunos de sus aspectos pero conservando otros. Luego describe la teoría de Deacon, la cual está postulada en términos de la evolución de la estructura social y en los patrones de alimentación de los grupos homínidos. Luego expone su propia teoría, la cual se basa en tres etapas: (i) selección de parentesco para el intercambio informativo, el cual lleva a (ii) un mayor altruismo basado en el “chismerio” y, finalmente, a la sintaxis.
El capítulo 13 trata sobre “Signos antes del habla, teorías gestuales del protolenguaje”,  y describe las varias teorías que proponen protolenguajes basados en gestos. La conclusión es que todas estas teorías comparten un problema: si el lenguaje era gestual y dado que las lenguas de señas actuales poseen la complejidad y expresividad de cualquier lengua, ¿por qué se dio el paso a la comunicación vocal? El descubrimiento de las neuronas espejo está lejos de resolver el problema.
El capítulo 14, ”Protolenguaje Musical”, expone la teoría favorita de Fitch acerca de la evolución del lenguaje. Nos recuerda los argumentos para establecer la relación entre lenguaje y música, incluyendo las áreas cerebrales que ambas facultades tienen en común y la teoría de evolución del lenguaje del propio Darwin [ver aquí]. El problema con la noción de protolenguaje musical es cómo explicar el traspaso de holofrases casi sin significado a secuencias composicionales de unidades discretas. Aquí, Fitch toma aspectos de la explicación de Wray, en donde el significado semántico se determina a partir de coincidencias entre sonidos sin significado y sonidos no combinatorios en holofrases,  y de significados potenciales.  Defiende esta perspectiva a partir del modelo computacional de Kirby, el cual muestra que el cambio de frases holísticas a analíticas es posible.
El capítulo 15 concluye el volumen.

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