h1

Sobre cómo aprendí a perder el miedo y amar a la lingüística

3 agosto 2009

Aparentemente, la sección educativa del New York Times suele publicar experiencias de jóvenes estudiantes en el mundo académico… Lo curioso es que el pasado 20 de julio se ha publicado la historia de una tal Emily Finn, una recientemente recibida estudiante de bachillerato con especialización en lingüística. He aquí su historia traducida:

Los ensayos de admisión a mi colegio lo decían todo, si sólo me hubiera detenido a escucharme a mí misma en ese entonces lo hubiera sabido. Recuerdo que lo que me interesaba en ese momento era encontrar un gancho con el cual distinguirme de entre los cientos de aplicantes con los que competía.
En mi acaudalada escuela secundaria, potenciales pre-médicos y corredores de Wall Street (si, a la edad de 17) llenaban las filas en los pasillos. El interés por las lenguas extranjeras siempre había sido algo extraño…

Mirando los folletos acumulados a través de muchas visitas a los campus, no pude encontrar ninguna escuela que ofreciera un grado de bachiller para personas interesadas en estudiar un surtido cualquiera de idiomas. Además, mi gusto por viajar me hizo reacia a estudiar sólo uno. Pero la mayoría de los colegios ofrecía la especialización en algo llamado lingüística. Quizá profesando mi apetito por aquella encantadoramente oscura materia de estudio podría convencer a los encargados de las admisiones de aceptarme…

Para demostrar que realmente sabía qué era la “lingüística”, y luego de dar una vistazo a la Wikipedia, escribí un párrafo que decía:

¿Cuál es la psicología detrás del lenguaje? ¿Por qué y cómo es que existen tantas lenguas? Más específicamente: ¿por qué es que los chicos muchas veces asumen que el presente de “poder” es “podo” cuando nunca escuchan a los adultos decir otra cosa que “puedo” Estas son preguntas que me apasionan.
Y cuando se me preguntó por mi tentativa especialización, respondí “Lingüística”, código 638 en mi solicitud.

Realmente no pensaba estudir eso. Cuando recibí mi primer catálogo de Yale con las materias disponibles para cursar, ante mí se alzaba un sinnúmero de posibilidades: ¿Árabe? ¿Japones? ¿Indio? O quizá algo más raro, como Yoruba o Nahuatl… Luego de un instante decidí ver la sección de lingüística. Un curso llamado “El lenguaje y la mente”, que “abordaba el estudio de las gramáticas mentales y la naturaleza de las subdivisiones del conocimiento lingüístico en conexión con el cerebro”, llamó poderosamente mi atención.

Me presenté a clases el primer día. La profesora María Piñango era joven, enérgica y brillante. Nunca imaginé que la lingüística fuera tan científica, y me encantó. Con el tiempo no encontré nada que me gustara más, por lo que me decidí a seguir con la lingüística; y fui una de los pocos que en verdad estudió aquello que puso en su solicitud de ingreso.
Un salto hasta el último año. Septiembre del 2008. Se me ocurrió que ya debía empezar a pensar en mi tesis. Entonces, concerté una cita con la profesora Piñango, ahora mi consejera. Entré a su oficina y le dije “necesito hacer una tesis”. Me preguntó qué clase de proyecto me interesaba. Le respondí “bueno, ¿en qué esta trabajando usted?

Resultó que ella estaba investigando las bases neurológicas de la estructura sintáctica, usando fMRI para determinar dónde en el cerebro se procesaban ciertos elementos de la oración. “Suena bien”, le dije “anóteme en eso”.

Un compromiso de 10 horas es lo recomendado a los estudiantes de bachillerato que conducen investigación original. Al avanzar el semestre, era claro que con sólo 10 horas no me iba a bastar. Empecé a dedicar más y más tiempo a mi investigación, sutilmente dejando de lado mis otras obligaciones (léase: faltando a clases), siempre por terminar algún reporte, tomarle pruebas a otro participante o asistir a alguna reunión del laboratorio. Mi reunión semanal con la profesora Piñango se convirtió en dos reuniones semanales, y luego en tres. Lo único que faltaba era que me mudara a su oficina. La intensidad se fue desarrollando naturalmente; apenas lo noté.

En febrero de éste año, estaba hablando por teléfono con un amigo. La conversación era la típica entre estudiantes: estaba harta de las clases, mi vida extracurricular estaba atrofiada y estaba vagamente ansiosa con respecto al futuro, pero aún no lo suficiente como para lanzar un currículum más al pozo sin fondo de las agencias de trabajo on-line. Pero mi investigación iba realmente bien, y estaba realmente disfrutándola.

“Sabes”, me dijo mi amigo David, “esta investigación es la única cosa de la que me has hablado alguna vez con entusiasmo o pasión… ¿Por qué no haces un Ph.D.?

“Peeeero”, murmuré. ¿Una carrera de grado, yo? Nunca fui una persona particularmente “académica”. Mis padres no eran así. Como con una especie de fobia, pensé en lo que sería dedicar toda mi existencia a estudiar algún diminuto conjunto de fenómenos insondables. Pero entre más lo pensaba, más me daba cuenta que David tenía razón. No había otra cosa por lo que me preocupara tan profundamente. Me sentí indigna: la investigación se había introducido furtivamente en mí. ¿Quién hubiera dicho que para esta altura de mi vida yo ya estaría haciendo lo que me gusta? Creo que la profesora Piñango lo vio venir antes que yo. De hecho, el lunes siguiente estaba tan ansiosa que entré dramáticamente en su oficina. “¿Sabes de qué me di cuenta? ¡De que realmente me gusta esto!”, exclamé. “Puedo trabajar horas y horas en esto y nunca lo siento como un trabajo”.  Ella no parecía sorprendida. “¿Si? ¿De verdad? Bueno, haz la carrera de grado”.

Creo que lo haré.

La nota original (en inglés) puede ser leida mediante un click aquí.

2 comentarios

  1. ojala que los padres de emily tengan un buen pasar porque su hija va a pasar mucha hambre


  2. Yo más bien tengo el horrendo presentimiento de que en pocos años voy a estar citando algo así como

    Finn, E. (2014). “Neural patterns on syntactic phase processing”.

    Y si llega a ser así, te voy a perseguir para romperte el CU%# a patadas, por amargo…



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: