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Comentarios (ajenos) sobre The origins of communication de Michael Tomasello

3 marzo 2009

Empieza marzo y hay que ponerse a trabajar en serio, tanto en lo académico como en lo estrictamente laboral. Por eso es que va a resultar un poco más difícil para mí tener actualizado el blog. De cualquier manera, toda noticia y anuncio importante en relación al campo de la biolingüística que este a mi alcance comentar tendrá aquí su espacio.

Y ya que el poco tiempo es el problema, he decidido postear unos interesantes comentarios sobre el último libro de Michael Tomasello The Origins of Human Communication que fueron originalmente posteados en inglés en el blog Shared Symbolic Storage. Se trata, más bien, de un sumario del libro en tres partes, cosa útil para quienes como yo les sea imposible conseguir el libro por el momento. Quienes quieran leer el original, no tienen más que hacer click aquí. Quienes prefieran mi traducción, pues aquí tienen.

A pesar de no haber terminado el libro todavía y de no estar seguro de poder contribuir con algo que no se haya dicho en la interesante review del libro realizada por Edmund Blair Bolles en Babel’s Dawn (ver aquí, aquí, aquí y aquí), pensé en realizar un sumario para ver qué resulta.
El principal interés de Tomasello en el libro es desarrollar “la infraestructura socio-cognitiva y socio-motivacional que permite la comunicación humana moderna”. También intenta presentar un escenario evolutivo posible de cómo llegamos hasta este punto.
Su hipótesis es que “las primeras formas exclusivamente humanas de comunicación fueron el apuntar [pointing] y la pantomima”

Cognición Social

En un detallado análisis sobre la capacidad de apuntar y la pantomima en la infancia, Tomasello llega a la conclusión de ya representan “casi todas las formas de cognición social y motivación exclusivamente humanas requeridas  para una comunicación puramente lingüística”. Estas capacidades son, entonces, perfectas candidatas para constituir “los puntos de transición crítica en la evolución del lenguaje humano”.
La razón por la que Tomasello ve en la capacidad de apuntar la forma primordial de comunicación humana es la siguiente: Imagina que estamos caminando a la librería y te señalo algunas bicicletas apoyadas contra un muro. Sin contexto esto carecería totalmente de sentido. Sin embargo, si tenemos algún tipo de conocimiento compartido, algún tipo de saber previo o experiencia pasada común, mi gesto sin significado puede de pronto ser “llenado” con una variedad de significados.  Por sí solo, el apuntar no significa nada, pero si ambos sabemos que una de las bicicletas pertenece a tu ex-novia, con quien tuviste una desagradable ruptura, o si la bicicleta te fue robada hace sólo unos días, serías capaz de interpretar mi gesto de manera significativa. Serías capaz de responderte a la pregunta “¿cuál es su intención al apuntarme en esa dirección?”.
Este tipo de ejemplo lleva a Tomasello a la conclusión de que…
La habilidad de crear y compartir un conocimiento previo —atención en conjunto, experiencia mutua, conocimiento cultural común— es una dimensión absolutamente crítica de la comunicación humana.
Esto permite una riqueza de significados y referencias de las que toda otra forma de comunicación primate carece.

Motivación Social

Como Tomasello señala, el segundo aspecto importante y único es la motivación prosocial que se evidenció en el ejemplo de la capacidad de apuntar. En ese ejemplo, y en docenas de otros desde la temprana infancia, no hay motivación otra para apuntar que simplemente ser cooperativo. Los simios, por otra parte, jamás apuntan a nada en contextos naturales, y nunca son cooperativos como para informar a otros sobre algo.
No existe evidencia sobre infantes menores a 12 meses que apunten a algo sólo para compartir el punto de atención o informar sobre algo. En contraste, se da un ejemplo atribuido a un estudio de Carpenter et al. (en preparación) en donde”a la edad de 13 meses y medio, mientras la madre esta buscando un imán de heladera perdido, L [el sujeto] señala a una canasta de fruta en donde esta el imán (escondido bajo la fruta). Glosa: Mira en la canasta de fruta; esta ahí.”
Otro ejemplo propuesto por tomasello involucra a un sujeto de “13 meses que mira a su papá preparar el árbol de navidad; cuando el abuelo entra a la habitación, J (el sujeto) le señala el árbol y vocaliza. Glosa: Mira el árbol de navidad; ¿No es genial?”
Estas capacidades cooperativas conforman la abilidad a menudo denominada intencionalidad compartida. En general,
La intencionalidad compartida es el rasgo necesario para participar en formas exclusivamente humanas de actividad colaborativa en las que un sujeto plural “nosotros” esta implicado: metas conjuntas, intenciones conjuntas, conocimiento mutuo, creencias compartidas—todas se dan en el contexto de varios motivos de cooperación.
Con estos aspectos clave en mente, puede decirse que el lenguaje es
una empresa fundamentalmente cooperativa, operando más naturalmente y sin problemas dentro de un contexto de (i) un conocimiento compartido mutuamente asumido, y (ii) motivos de cooperación comunicativa mutuamente asumidos.
Siguiendo estas suposiciones, Tomasello intenta especificar “los rasgos exclusivos de la comunicación humana y sus raices onto y filogenéticas”. Escribiré más sobre esto en mi próximo posteo.

Tal vez estén pensando lo mismo que yo: suena convincente, pero a la vez parece de tal sentido común que merece ciertas sospechas. En particular, no me convence la evidencia que propone Tomasello para la capacidad de apuntar. En los lenguajes de señas, por ejemplo, se ha demostrado que la adquisición de los pronombres poco tiene que ver con la capacidad de apuntar y señalar con el dedo, a pesar de que ciertos pronombres personales consisten justamente en señalar con el dedo a los participantes del evento. En ese sentido me parece que existe una suerte de disociación entre el señalar y la deixis de la que parece hacer uso el lenguaje humano.

2 comentarios

  1. Es extraño que haya tantas teorías que explican evolutivamente la aparición del lenguaje gracias a una influencia de la conducta sobre el cerebro y tan pocas que imaginen esa evolución teniendo origen en el propio cerebro, y menos aún, en la mente. Sin embargo, una hipótesis así sería mucho más simple que suponer una motivación gestual: lo que evolucionó podría haber sido los mismos mecanismos de razonamientos que se observan en los animales. En el fondo, la disputa es si la evolución de la capacidad cognitiva hacia el lenguaje tiene una motivación lógica/computacional, o comunicativa (básicamente este potencial es el que observa Tomasello). Por supuesto, se puede admitir que ambos motivos hayan estado en relación cooperativa, aunque habría que ver cuál habría sido la naturaleza de esa cooperación.


  2. Creo que entiendo lo que decis, Mercedes, pero la razón de ser de estas teorías tiene una lógica: el que un rasgo evolucione significa que ha ido proveyendo un creciente éxito reproductivo para un determinado grupo de individuos. Es natural pensar que una conducta (por muy simple que sea) puede aumentar el éxito reproductivo de una especie, pero se vuleve complicado fundamentar cómo es que una capacidad mental (por muy compleja que sea) pueda hacerlo, ya que las capacidades mentales sólo tienen valor evolutivo si pueden manifestarse (exteriorizarse) en alguna conducta. Por lo tanto, es lógico basar el surgimiento de una capacidad compleja en formas conductuales más simples.



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